
He aquí mi primer texto escrito bajo presio… encargo. Fue una sugerencia que serviría además para enlazar con un tema que ustedes pudieron leer hace un par de días: canciones de Oscar.

He aquí mi primer texto escrito bajo presio… encargo. Fue una sugerencia que serviría además para enlazar con un tema que ustedes pudieron leer hace un par de días: canciones de Oscar.

Mientras que las ventas de cd están cayendo a niveles ridículos, las de vinilos se dispararon en 2008. Me confieso como uno de los responsables de semejante paradoja, pero tengo excusa: me han regalado un tocadiscos y tengo que aprovecharlo. Y compré “Merriweather Post Pavilion”, el último álbum de Animal Collective, en este formato, sin pensármelo dos veces, en cuanto lo vi en una estantería de la FNAC.

Dicen que, pasados 20 años desde el boom de un estilo, surge el revival, esto es, los tipos hechos y derechos de ahora están nostálgicos de la música que escuchaban de niños. Más o menos. Mediante esa regla de las dos décadas, podemos aventurar cuáles serán las próximas tendencias musicales de los años venideros. Lo primero de todo: por fin nos libraremos de los 80. Se acabaron los tecladitos horteras, el espíritu fiestero, lo sintético y el encanto de lo mal hecho.

¿Alguien se acuerda de la última peli generacional? Parece que con el año 2000 ya no hay de eso. Todavía somos deudores de Trainspotting, que educó musicalmente (y en otros aspectos no tan saludables, pero, ¡así es el rock!) a toda una generación. Incluso a mí, que cuando se estrenó tenía 14 años y era un jovencito inocente no preparado para la vida, más o menos lo que sigo siendo hoy pero con menos barba.

Lo suyo sería hablar de villancicos. Si tan mal les suena esa palabra, podríamos decir que toca debatir sobre canciones típicas de estas fechas. Antes hubo una época en la que cualquier grupo que se preciara tenía que hacer una canción sobre la Navidad. Supongo que era una época en la que la Navidad se cotizaba alto en el pop.

De todos es sabido que el amor eterno tiene una duración de entre una noche y tres años. ¿Pasa lo mismo con las canciones, tienen fecha de caducidad? Ayer mismo escuchaba en el ipod un tema, no diré cuál, que hace bien poco me emocionaba hasta extremos insospechados, y me sorprendí a mí mismo no sintiendo nada mientras sonaba.
Hay que tener valor para enfrentarse a una sala vacía. Si estás encima del escenario en un estadio enorme seguro que lo tienes más fácil: después de todo, la gente paga 40 euros (es un suponer) porque quiere verte, aunque a veces, por la lejanía, solo te puedan intuir. Y aún así, desde esa distancia no se pueden ver los bostezos, las conversaciones que se desentienden de la música, las caras aburridas. A los únicos a los que se las podrías ver es a los fans entregados de la primera fila y, macho, se te tiene que dar muy mal para que ellos no estén de tu parte hagas lo que hagas.
Fiel a mi espíritu iconoclasta y contradictorio (y a los “consejos” del jefe del blog), me veo obligado a cambiar de título la sección. Si os habíais encariñado con el otro, ajo y agua. En fin. Cuando tienes 20 años y sabes tocar cuatro acordes en la guitarra, quieres montar un grupo. Cuando tienes 30 y la tocas mejor de lo que podías llegar a imaginar no quieres oír la palabra grupo ni en pintura. A menos, claro está, que hayas alcanzado el éxito.
Vale, he aprovechado la coyuntura para titular así la sección. Se supone que tiene que ser de opinión, es decir, yo opino sobre algo sin que tú sepas si tengo cierta base para dar mi opinión, y como mucho dejas un comentario —eso sí, con posibilidad de réplica— sin que yo sepa si tienes cierta base de lo que hablas. Una relación de confianza.