La mecedora de Milton: Tocar en un grupo es como estar casado

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Fiel a mi espíritu iconoclasta y contradictorio (y a los “consejos” del jefe del blog), me veo obligado a cambiar de título la sección. Si os habíais encariñado con el otro, ajo y agua. En fin. Cuando tienes 20 años y sabes tocar cuatro acordes en la guitarra, quieres montar un grupo. Cuando tienes 30 y la tocas mejor de lo que podías llegar a imaginar no quieres oír la palabra grupo ni en pintura. A menos, claro está, que hayas alcanzado el éxito.

Hay bandas que se salen de este razonamiento. En su mayoría, están formadas por cuatro amigos del instituto (si se conocen en la universidad es más difícil) y las reuniones semanales en el local de ensayo sirven, por lo general, más bien para nutrirse de alcohol en buena compañía (y alejado de las respectivas obligaciones familiares), alcohol de calidad.

El romanticismo de tocar en un grupo se desvanece en cuanto te enfrentas a la realidad: como en toda relación sentimental, y la música está plagada de sentimientos, la lucha de egos es constante. Todos quieren expresar, pero eso no quiere decir que quieran expresar lo mismo. Normalmente es bueno que haya un solo compositor, o a lo sumo dos: la utopía de componer en grupo se disuelve cuando los demás interfieren en tus asuntos, o en tu instrumento. Y en general suele ser mejor que el compositor sea el cantante: si es el bajista, por poner un ejemplo, la voz ya puede hacerlo muy bien, porque está bajo (sic) una constante vigilancia y con un reproche pendiendo de un hilo cual espada de Damocles.

Sin embargo, como en toda relación sentimental, lo importante es el compromiso. Y este, como en toda relación sentimental, suele variar mucho de un componente a otro. Los compromisos con la familia y amigos se transforman en compromisos para ensayar, buscar conciertos y grabar. Se piden resultados.

No me lo tomen a mal, tocar en un grupo es una experiencia gratificante, sin lugar a dudas, como gratificante es estar con tu pareja. Pero ay, amigo, toda gran satisfacción conlleva una gran responsabilidad.

Hay, de cualquier manera, comodines que aseguran la pervivencia de un grupo. Encontrar un buen batería, y con equipo propio. Si lo tienen, no lo suelten, hagan cualquier cosa por él, es un acto de amor. Al menos en esto se aventajan los grupos a las relaciones: si conocen un secreto igualmente infalible para mantener una, por favor dejen un comentario a la salida.

Fdo.: Milton Malone

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