El Gran Torino de Milton: Epifanía discográfica

Mientras que las ventas de cd están cayendo a niveles ridículos, las de vinilos se dispararon en 2008. Me confieso como uno de los responsables de semejante paradoja, pero tengo excusa: me han regalado un tocadiscos y tengo que aprovecharlo. Y compré “Merriweather Post Pavilion”, el último álbum de Animal Collective, en este formato, sin pensármelo dos veces, en cuanto lo vi en una estantería de la FNAC.

Es la segunda vez que mi desconfiado cerebro cede al impulso primario de poseer algún objeto material a toda costa (la primera fue con Historias de Londres, de Enric González, pero eso no viene a cuento). Han pasado varias semanas desde que lo adquirí y de momento no me he arrepentido.

Ventajas del vinilo, según los amantes de éste, hay muchas, casi todas accesorias o incluso inventadas. Tenemos una portada más grande, la mágica sensación de posar con suavidad la aguja sobre el disco (el encanto de los rituales), la división en dos caras, que daba sentido a muchas grabaciones y que se perdió con el paso al cd, etc. La única ventaja seria, sin embargo, es que se escucha mejor.

Tengo que admitirlo: sí, se escucha mejor. Todo el que me conoce y presta atención a lo que digo ya sabe de mi particular epifanía con este formato, y cómo me volví un tránsfuga de los defensores del cd en un lapso de tiempo irrisorio un verano de hace unos cinco años, en casa de una prima cuyo ex marido le había legado una particular colección de vinilos que iban desde David Bowie a los Chichos.

Pero mi epifanía no llegó con ninguno de los dos, sino con Leonard Cohen y su Songs of love and hate: todos los días, después de comer, cuando la gente se iba a dormir la siesta (lo mejor que se puede hacer en agosto en mi pueblo tras la comida), yo me quedaba en el salón y colocaba el disco en el aparato como si de un objeto sagrado se tratase. En realidad lo era: la cavernosa voz del canadiense invadía el salón, construía un refugio a salvo del tiempo y el espacio, que seguían existiendo allá afuera.

Ni que decir tiene que no fue lo mismo escucharlo en otros formatos. Ah, otra ventaja del vinilo: ahora las nuevas ediciones suelen incluir un código para descargártelo de Internet. Esto es como si al refugio le añades… no sé, la caseta del perro. Valor añadido.

Anuncios

2 Respuestas a “El Gran Torino de Milton: Epifanía discográfica

  1. Milton, Milton, convertido al vinilo… Mira, hoy he estado escuchando a The Black Keys, Thickfreakness en CD, Attack & Release en vinilo. No hay color, el plástico negro e incómodo de guardar gana por goleada.

  2. Y yo siempre decía: tengo que decirle algo!!
    Pero pasaban y pasaban los meses, y de vez en cuando lo recordaba, pero lo volvía a olvidar 0’2 segundos más tarde.
    Hasta que me acordé todo un minuto seguido.
    ¡Hola!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s