El “caña y tapa” de Milton: Poética del ruido

Que conste que Sonic Youth no es uno de mis grupos preferidos. Tengo escuchados sus discos lo mínimo para saber cuál es su estilo, cambiante pero con una esencia bastante clara. Desde los años 80 llevan siendo los abanderados de lo underground, de la independencia combatiente. De la vanguardia rockera. A mí me gustan mucho algunos de sus temas, como Mary Christ, de su álbum Goo (1990), pero no los incluiría en una antología de mis gustos.

Aprovechando que van a sacar nuevo disco, no está mal hablar de ellos. Pero quiero fijarme en una canción, quizá no de las más conocidas (es de mediados de los 90, del disco Washing Machine) pero sí es un paradigma de su ideología: Diamond Sea. Al poco acostumbrado a las veleidades de la contracultura indie les puede parecer que es una bonita canción destrozada por una descuidada interpretación. Para los que nos gustan los alimentos crudos, nos parece una producción maravillosa.

La primera vez que la escuché fue en el álbum Generation Next, una recopilación que hizo Pepsi para comercializar el movimiento indie (lo consiguió, sin duda). Ahí duraba cinco minutos: la original, sobre los veinte. Adiós a la audacia. Sin duda era una canción maravillosa en cinco minutos, pero se quedaba sin la “esencia”: el ruido. Sí, buena parte del minutaje cortado era puro ruido guitarrero, realimentaciones y demás. Y, qué quieren que les diga, me encanta.

Es curioso como lo que era la antítesis de la música puede llegar a cotas que lo “correcto” no había conseguido expresar. Cómo ese caos puede ser bello, y no es algo que esté reservado en exclusiva a Sonic Youth: cientos de grupos (y unas decenas de ellos son realmente buenos) han optado por esta vía para llegar a la gente. Uno de los momentos más gloriosos de la música de esta península fue cuando el grupo barcelonés de soul-punk (así se definen ellos) Tokyo Sex Destruction se tiró minuto y pico de realimentación rompetímpanos en su primer disco, Le Red Soul Comunitté.

Quizá no le debamos todo a Sonic Youth, hubo gente antes de ellos que gustaba de “maltratar” a su público, entre ellos toda la no wave neoyorquina (de dónde si no). Pero, a pesar de su crédito underground, ellos fueron los que popularizaron el ruido. Larga vida al caos incontrolado.

Más de Milton Malone en www.hipopotamosalaescucha.blogspot.com

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